




BRASIL
Ciencia y pequeña escala para relanzar
biocombustibles
27 de Noviembre de 2008
Por Neuza Árbocz
SÃO PAULO, (Tierramérica ) - Las fuentes de energía limpias y renovables
son el sueño dorado de la humanidad en estos tiempos de calentamiento
global. Mientras la mayoría de la gente quiere tener su automóvil, viajar y
consumir, el planeta da señales de no soportar un modelo productivo
basado en combustibles fósiles.
La ciencia lleva tiempo investigando fuentes alternativas viables. Brasil, que
se destacó por crear en 1975 el Programa Nacional del Alcohol Carburante y
en 2005 volvió a ser pionero con su Programa Nacional de Biodiésel,
despliega estrategias para relanzar su ofensiva mundial a favor de estos
combustibles destilados de cultivos.
Los avances científicos abren espacio para que los agrocombustibles se
conviertan en un nuevo producto básico que conquiste un mercado mundial.
Para conseguirlo, Brasil está invirtiendo en estudios que puedan dar
respuesta a las preocupaciones sobre los efectos nocivos de su producción
en la oferta y los precios de los alimentos y en la conservación de las selvas.
Así, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) se unió a
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) y a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)
para realizar la investigación "Bioetanol de caña de azúcar - Energía para el
desarrollo sustentable".
El estudio asegura que para producir unos 50.000 millones de litros anuales
de etanol de caña se emplean cultivos de 15 millones de hectáreas, es decir
uno por ciento de la superficie destinada hoy a la agricultura en todo el
planeta, estimada en 1.500 millones de hectáreas.
Esto representa un rendimiento medio de 3.300 litros de etanol por
hectárea, lo que demuestra la superioridad de Brasil, que produce un
promedio de 6.600 litros por hectárea. Las mejores usinas brasileñas llegan
inclusive a una productividad de 7.500 litros, afirma la Unión Nacional de
Industrias de la Caña de Azúcar.
Los rendimientos deberían ser mayores con el etanol de segunda
generación, obtenido de celulosa. El proceso permitirá aprovechar diversos
residuos orgánicos, como el bagazo de caña. En cinco o 10 años, se podría
alcanzar casi 13.000 litros de etanol por hectárea, lo que frenaría la presión
por ocupar nuevas tierras, afirman algunas investigaciones.
Resta saber si el sector será dominado por grandes inversores, provocando
disgregación social al empujar fuera de sus tierras a los pequeños
cultivadores familiares, o si habrá espacio para un proceso inclusivo, que
genere ingresos y mejores condiciones de vida.
La respuesta puede estar también en la tecnología, que aporta soluciones
para la generación de combustibles a pequeña escala, indicada para la
agricultura familiar. Ese es el propósito de las Usinas Sociales Inteligentes
(USI).
Se trata de refinerías biológicas de pequeño porte desarrolladas por el
director industrial de USI, Orci Ribeiro, un hombre que aprendió en la
práctica todo lo que sabe.
Con una USI, un pequeño agricultor puede fabricar su propio etanol a partir
de caña, batata, mandioca o sorgo, dijo a Tierramérica Ribeiro, quien
también desarrolló un generador eléctrico que funciona a etanol, para que
las comunidades rurales obtengan su propia electricidad.
Esta solución despertó mucho interés en la Primera Exposición Internacional
celebrada en esta ciudad del sur brasileño entre el 17 y el 21 de este mes,
donde se vendieron seis USI a Colombia y se firmó un acuerdo de
Asociación con el Movimiento de Pequeños Agricultores Familiares de Brasil.
Otra innovación presentada en la feria fue una usina móvil de biodiésel, que
se puede transportar en un camión, concebida por el ingeniero químico
Diego Luiz Nunes, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais.
Estamos en un período de transición, preconiza Nunes. "Los combustibles
sólidos son más eficientes y poco a poco debemos adoptarlos para
vehículos de transporte masivo", dijo a Tierramérica.
Los ejemplos son el autobús Eletra, que funciona con una tracción mixta de
biodiésel y batería eléctrica y que fue exhibido en la feria junto con los ya
conocidos automóviles de motores Flex, el avión Ipanema, tractores,
motocicletas y otros vehículos adaptados para consumir alcohol carburante.
El etanol y el biodiésel presentan la ventaja de que pueden utilizarse en el
sistema de distribución mundial ya existente, como apuntó el presidente de
la división combustibles de la empresa petrolera mixta Petrobras, Alan
Kardec Pinto, al hablar en la Conferencia Internacional sobre
Biocombustibles, celebrada junto con la feria.
"Se necesita diversificar la matriz energética. El petróleo se va a acabar",
dijo Kardec ante las delegaciones de 92 países.
Varias veces, activistas, autoridades y empresarios insistieron en la
necesidad de analizar todo el ciclo productivo de los agrocombustibles.
"Podemos trabajar juntos", dijo el director del Fondo Africano de
Biocombustibles y Energías Renovables, Thierno Bocar Tall, expresando el
optimismo de representantes de países africanos.
Lúcia Melo, presidenta del Centro de Gestión y Estudios Estratégicos de
Brasil sostuvo que este país puede y debe atraer más centros de
investigación, cursos de posgrados y empresas extranjeras para evaluar
combustibles que sean adecuados para abordar los problemas sociales,
económicos y ambientales.
El gobierno brasileño insistió en que la tecnología nacional es viable, reduce
las emisiones que causan el calentamiento global y se basa en materias
primas renovables, sin perjudicar la producción de alimentos.
La ministra jefa de la Casa Civil (jefa de gabinete), Dilma Rousseff, aseguró
que se llevará a cabo, de forma participativa, un ordenamiento
agroecológico del territorio, protegiendo la Amazonia, el Pantanal y otros
ecosistemas valiosos. No está claro si se llevará a cabo en un plazo viable ni
si será respetado por el sector privado.
Los riesgos ambientales de los monocultivos para producir combustible y la
necesidad de reducir el consumo fueron expuestos por las organizaciones
no gubernamentales.
Los críticos del actual modelo de producción convocaron un encuentro
paralelo en el que se divulgó una relatoría del Instituto Brasileño de Análisis
Sociales y Económicos (Ibase) que señala los riesgos de contaminación por
el uso de fertilizantes y el humo de las quemadas de caña, y el peligro de
que se afiancen las relaciones laborales ilegales que imperan en muchas
plantaciones, viejos problemas rurales de este país.
* Este artículo fue publicado originalmente el 22 de noviembre por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica.
Una mujer campesina corta caña de azúcar con un machete en la Usina Bonfim
plantaciones agrícolas - de Cosan grupo de Brasil que es el mayor productor de
etanol - en Guariba, a 400 km de Sao Paulo el 6 de junio de 2008.
©AFP
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