Kenia lucha contra deterioro de imagen
y espera llegada de invierno
26 de Noviembre de 2008

Por Frauke Kaberka (dpa)

MOMBASA (dpa) - Adormecido, el león reposa al sol. Es un buen lugar para
descansar. El día anterior, en el mismo lugar se acostó una jirafa, y
previamente un cocodrilo. Dos moscardones se posan sobre las ancas del
léon. Que no mueva su cola para espantarlas tiene un buen motivo: es de
arena.

Engañosamente reales son estos animales, que cada día son creados por
Joseph con arena de la playa Bamburi, cerca de la ciudad portuaria de
Mombasa, en Kenia. Siempre otra figura. La fauna de este país africano
tiene mucho que ofrecer.

Joseph da una vuelta alrededor del león y mejora una parte en el anca del
felino. A continuación se dedica a darle forma a Simba, una leona.

El trabajo de Joseph atrae a los turistas, que gustan tomarse fotografías
junto a estas obras artísticas. De vez en cuando, alguien deja algún billete.
Con ese dinero, el hombre puede comprar la comida del día.

Tras el colapso del turismo a comienzos de año debido a una de las peores
crisis políticas que atravesó Kenia desde la independencia en 1963,
lentamente los visitantes comienzan a regresar.

Pero demasiado despacio para el país africano, cuya principal fuente de
divisas es el turismo.

Los kenianos siguen sufriendo visiblemente las consecuencias de las
controvertidas elecciones del 27 de diciembre, tras las cuales primero se
pelearon los opositores políticos, pero luego derivó en sangrientos
enfrentamientos, en los que perdieron la vida varios centenares de personas.

Pese a que los turistas prácticamente no se vieron afectados por ello, sigue
existiendo temor a sufrir ataques.

La cantidad de visitantes se redujo en más de dos tercios. Y muchos hoteles
en la costa siguen cerrados, pese a que el ministro de Turismo de Kenia,
Najib Balala, había anunciado en mayo: "En junio vamos a abrir de nuevo
todos los hoteles y todas las empresas de servicios ofrecerán sus servicios.
Por primera vez invertimos de nuevo mucho dinero en promoción, apoyados
por la Unión Europea".

Sin embargo, esto dio pocos frutos. Y algunos de los hoteles abiertos sólo
se mantienen con esfuerzo, aparentemente ahorrando en los sueldos de sus
empleados. "Desde enero no recibimos nuestro salario", se queja una
empleada, de 43 años, que trabaja en una empresa suiza en Shanzu y no
sabe cómo mantener a sus tres hijos.

Su hijo mayor de 15 años tiene un pequeño puesto en la calle que va de
Mombasa a Malindi, en el que vende, junto con objetos dejados por los
turistas, como envases de champú o desodorantes usados y ropas usadas,
calzado fabricado con neumáticos y objetos tallados por él mismo.

Si bien sus hipopótamos y jirafas de madera no puede competir con los
animales de arena de Joseph, actualmente es él quien mantiene a su familia.

Los empleados de otros hoteles de la misma empresa confirman la "política
de personal", que alcanza también a los gerentes.

Según Frank Neugebauer, directivo de la cadena hotelera, con frecuencia
se echan a rodar "historias sobre sueldos no pagados" a los empleados
para obtener más propinas. "Pero si se sabe que el turismo en la costa, ante
todo en la temporada baja, cayó hasta un 70 por ciento, uno se puede
imaginar lo que sufre la población local".

Neugebauer afirmó que la compañía trata de cubrir los gastos corrientes,
pero que a veces, debido a la crisis, hay demoras. Ahora apuesta a la
temporada de invierno, cuando muchos europeos huyen del frío y tal vez
vuelvan a Kenia.

Si ese es el caso, muchos hoteles todavía cerrados podrían abrir sus
puertas, y de este hecho se beneficiarán ante todo las personas en la playa,
como Joseph, el artista de la arena.

Otras personas, como Ali, que ofrece a los turistas safaris y viajes en bote,
no entiende por qué escasean los turistas. "Kenia es tan linda y las
personas tan amables".

Sin embargo, los turistas también se quejan del acoso que sufren por parte
de jóvenes y viejos, hombres y mujeres, que buscan vender sus souvenirs o
excursiones. "Uno no quiere ser grosero, pero también queremos tener
tranquilidad", declaró un visitante alemán.

Pero la pobreza "es grave. La miseria llama la atención de inmediato", indicó
otro turista. "En Kenia es grave el problemas con las drogas y la
prostitución".

Para casi todos está claro que la mayoría de las personas son muy pobres y
necesitan con urgencia dinero. Lo que no aprueban son sus métodos.

Tampoco Grene Schait-Maleko, una mujer de 54 años nacida en Kenia que
vive desde hace 25 años en Suiza, que fundó un proyecto con el fin de
facilitar a los jóvenes kenianos el ingreso a la vida.

"International Happy Life for Children and Students in Kenya" es el nombre
de su proyecto, que desarrolla en el pueblo de Kikambala, a una media hora
de viaje en automóvil de Bamburi. En él aplica las experiencias de su
profesión y lo financia ante todo con donaciones de Europa.

Grene es partera y enfermera, que en el pasado trabajó en dos misiones de
la Iglesia católica. Allí reconoció que para las personas lo más importante es
aprender primero las reglas básicas del cuidado de la salud, la higiene y la
alimentación sana. Y esto es lo que constituye actualmente un pilar de su
iniciativa. El otro es una formación sólida.

Grene formula así los cuatro puntos principales de su proyecto en
Kikambala: "formación", "agua limpia", "planificación familiar" y "salud". En la
propiedad, que abarca dos hectáreas y media, está todo limpio y cuidado, a
diferencia de lo que se puede ver en la metrópolis Mombasa y muchos otros
pueblos.

Que la higiene tiene un papel preponderante es evidente a primera vista.
También es destacable que para Kenia se trata de un proyecto
medioambiental inusual, porque se separan los residuos y se realizan
cultivos biológicos de frutas y verduras.

Los jóvenes aprenden a coser. Los principiantes lo hacen con vestimenta de
papel, debido a que las telas son raras en Kenia y por lo tanto costosas. Los
avanzados sí pueden aplicar las habilidades aprendidas en telas.

En construcción hay un taller de carpintería, en el que en el futuro los
jóvenes aprenderán todo lo necesario para fabricar muebles y otros trabajos
útiles para su casa y granja. Éste es justamente el objetivo de Grene, que
por su origen en los Massai Mara es llamada "Mama Massai".

"Queremos mostrarles a nuestros protegidos que son libres. Queremos, si
es necesario, sacarlos de familias desmembradas y dejarles claro, que
pueden tomar su vida en sus manos y velar por sí mismos", explicó Grene.
"No sólo es importante que aprendan oficios, sino que desarrollen también
conciencia sobre planificación familiar".

Con respecto a esto último, Grene añadió: "No quiero que las jóvenes
destruyan su futuro, al quedar embarazadas apenas llegan a la edad adulta
y, en el peor de los casos, también se infecten con el VIH".

Por supuesto que la información respecto del sida y la planificación familiar
también es válida para los varones. Con las herramientas que otorga el
proyecto, Grene espera que los jóvenes puedan decidir por sí mismos cómo
vivir en el futuro y ser libres.

Una gran parte del proyecto es determinada y también financiada por la
agricultura. Se cultiva papaya, maíz, espinaca, batatas, pimientos, mangos,
naranjas, limones, bananas y mucho más.

Joseph, el artista de arena en la playa de Bamburi, encontró su propio
camino para sobrevivir. Ali y los otros que buscan vender objetos y servicios
a los extranjeros, intentan existir a su manera. Aún si fastidian a los turistas.
Lo importante es que vuelvan, en la cantidad del pasado. En 2007 fueron
1,5 millones.
La fauna de Kenia tiene mucho que ofrecer: Joseph crea a diario esculturas con
arena de la playa Bamburi.
Foto Antje Dinger/dpa
Kenianos esperan la llegada de turistas en la playa de Bamburi.
Foto Antje Dinger/dpa