Un taller marsellés de jabón cuida la
vieja artesanía
26 de Noviembre de 2008

Por Ulrike Koltermann (dpa)

MARSELLA (dpa) - En el taller de Serge Bruna siempre huele a limpio. No
podría ser de otra manera porque este francés de 45 años y oriundo de
Marsella fabrica jabón. Cuando llueve tiene que ir con cuidado de no entrar
en su taller con los zapatos mojados. El suelo, cubierto con restos de jabón,
es resbaladizo como un tobogán.

Serge, quien aprendió el oficio de su abuelo, es el último elaborador de
jabón de esta ciudad portuaria francesa, famosa por los bloques verdes de
jabón hechos con base de aceite de oliva.

"El verdadero jabón de Marsella es tan bueno porque sólo consta de
productos naturales", dice con un fuerte acento del sur. Desgraciadamente
el nombre de "Savon de Marseille" ("Jabón de Marsella") no está protegido.
"Hay muchos productos para los cuales se utiliza grasa de animal en vez de
aceites vegetales", comenta Serge.

Marsella es la capital del jabón, porque en esa región hay numerosas
plantaciones de olivos. Además de aceite de oliva también se puede usar
aceite de coco o de palmera. "El jabón blanco tiene una fuerza más grande
para el lavado y se utiliza sobre todo para la ropa", aclara Serge.

El aceite se mezcla con lejía en el sótano del taller. En dos horas se
endurece la mezcla que después deberá secarse durante varias semanas.
Al final Serge pone la masa de jabón en un embudo para rallarla en trozos
finos. Los trozos se ponen entre dos rodillos de granito para laminarlos en
finas hojas que recuerdan a los folios protectores de las carpetas.

"Nuestras máquinas tienen más de 100 años y funcionan de maravilla",
comenta orgulloso Serge. "De esta manera desaparecen los grumos en el
jabón". Después de este proceso, se calienta de nuevo el jabón y se le
prensa y sella en formas.

Este ingeniero químico descubrió pronto la tendencia de la cosmética
natural. En los últimos años su facturación aumentó anualmente en un 10
por ciento. Serge vende aproximadamente 80 toneladas de jabón a
mayoristas, cuyo 80 por ciento va al extranjero. Un trozo de jabón artesano
de su taller se vende en tiendas de moda de cosméticos de Londres y Tokio
hasta por 15 euros.

"Durante un tiempo todos estaban entusiasmados con los jabones y geles
de baño hechos con productos químicos, pero hoy mucha gente sufre de
alergias y prefiere productos tradicionales", explica Serge.

Para comercializar su producto, Serge siempre tiene nuevas ideas. Un éxito
de ventas actual son los trozos de jabón en forma de corazón con el nombre
de los novios impreso. Es un regalo que se distribuye a los invitados de la
cermonia. Jabón de color lila con trozos de lavanda secos es un clásico.
Incluso por encargo de un cliente americano, Serge creó últimamente un
jabón con aroma de pastis, el apreciado licor perfumado al anís en Marsella.
"En este jabón se esconde todo lo que es bueno en Marsella", concluye
Serge e imprime un sello en un trozo fresco de jabón.
El elaborador de jabón Serge Bruna en su taller.
Foto Ulrike Koltermann/dpa
Marsella es la capital del jabón, porque en esa región hay numerosas plantaciones
de olivos.
Foto dpa/Ulrike Koltermann