




Sudáfrica busca su lugar en el mundo a
través del fútbol
26 de Noviembre de 2008
Por Ignacio Naya (dpa)
JOHANNESBURGO (dpa) - Sudáfrica está embarcada en una segunda gran
transición. Tras el fin del apartheid y la llegada de la democracia en 1994, el
Mundial de fútbol de 2010 implica un nuevo reto histórico para el país.
El 15 de mayo de 2004, en Zúrich, el suizo Joseph Blatter, presidente de la
Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), logró al fin dar forma a
un deseo largamente anhelado: llevar por primera vez la Copa Mundial a
África.
Su intención era lograrlo ya en 2006, pero Alemania se impuso por un sólo
voto de diferencia en una reñidísima votación. Cuatro años después, el
evento se realizará al fin en el continente olvidado, el más pobre y golpeado
de los que componen la tierra.
"Si no tuviéramos a un Blatter hoy no estaríamos hablando de todo esto",
dijo el director ejecutivo del comité organizador, Danny Jordaan, durante un
encuentro con un grupo de periodistas en Johannesburgo.
Después de un agotador día de reuniones y recostado sobre una silla del
hotel D'Oreale Grande, el antiguo miembro del Congreso Nacional Africano
(CNA) todavía encontró las palabras adecuadas, escogidas entre su
convincente repertorio dialéctico, para describir al borde de la emoción el
significado de llevar por primera vez a África una Copa del Mundo de fútbol.
"Desde hace tiempo éramos siempre desestimados de forma absoluta y
decisiva como una opción para organizar un Mundial", advirtió. "Yo viví bajo
el apartheid. Y nosotros mismos debemos comprender que uno no está
condenado por sus condiciones de nacimiento. Por eso es tan importante
que este Mundial sea el mejor de la historia. Para hacer de África un lugar
mejor".
La altura del reto quedó reflejada en aquella tarde de mayo de 2004 en
Zúrich, cuando el gran símbolo del cambio en Sudáfrica, Nelson Mandela,
levantó el trofeo de la Copa del Mundo en señal de victoria. Su país, aquel
que revolucionó tras 27 años en prisión, estaba a punto de emprender una
nueva transformación.
No sólo los estadios, sino también las carreteras, los transportes, la energía,
las comunicaciones, la seguridad, todo deberá desarrollarse más y mejor,
más rápido y más eficientemente que antes, para albergar el evento
deportivo más importante del mundo junto a los Juegos Olímpicos. Un
presupuesto de 4.018 millones de dólares se dedicó a la realización de la
Copa Confederaciones y el Mundial.
Los ojos del mundo estarán puestos en Sudáfrica del 11 de junio al 11 de
julio de 2010. Por eso, los sudafricanos anhelan ver a su gran héroe en la
ceremonia de inauguración. La fecha parece estar a la vuelta de la esquina,
pero a los 90 años, cualquier distancia es larga para Mandela.
Más cerca le queda la Copa Confederaciones de 2009, que se disputa del
14 al 28 de junio. El "mini Mundial", que reúne a ocho equipos - los
campeones continentales, el mundial y el anfitrión-, supondrá un test de
primer nivel.
Cuatro estadios albergarán el torneo: Ellis Park (Johannesburgo), Loftus
Versfeld (Pretoria), Royal Bafokeng (Rustenburg) y Free State
(Bloemfontein). Son los más adelantados, aunque aún siguen sin estar listos.
A ellos se añadirán los estadios Green Point (Ciudad del Cabo), Moses
Mabidha (Durban), Mbombela (Nelspruit), Peter Mokaba (Polokwane), Port
Elizabeth y el impresionante Soccer City de Johannesburgo, que con 94.700
plazas es el más grande del mundo con techo, según sus constructores.
En total, diez estadios en nueve ciudades. El tiempo sigue apremiando, pero
las discusiones, rumores y desmentidos sobre la posibilidad de trasladar el
Mundial a otro país por los retrasos de las obras se terminaron. El torneo se
hará en África. "No tenemos ninguna duda", aseguró Jordaan.
"Si hay retraso es de días o semanas, pero nada que ponga en peligro la
realización del evento", insistió por su parte el secretario general de la FIFA,
Jerome Valcke, tras la inspección de las obras de cara a la Copa
Confederaciones y el Mundial.
El alemán Horst Schmidt, enviado por la FIFA para hacer labores de
"consejero" cuando las cosas iban peor, se ha convertido ya en un
convencido más de la viabilidad del proyecto, y su presencia es ya tolerada
incluso con simpatía por los organizadores.
Sudáfrica espera mucho del Mundial. Hasta 450.000 visitantes extranjeros
prevé recibir el país durante el torneo. Más adelante, aspira incluso a elevar
por encima de 10 millones su media anual de turistas.
Para eso, la imagen que ofrezca durante la Copa del Mundo es esencial.
Pese a su historia de violencia, el pueblo sudafricano es hospitalario y
risueño, siempre dispuesto a ayudar al foráneo. Sin embargo, no son pocos
sus problemas.
Cinco millones y medio de sudafricanos tienen sida, una plaga que afecta a
casi el 20 por ciento de la población. El crimen arroja altos índices. Y la tasa
de desempleo está cerca del 25 por ciento, aunque en las zonas más
pobres, como el conocido Soweto, puede sobrepasar el 40.
Ningún blanco, grupo racial al que apenas afecta la falta de trabajo, vive en
el famoso barrio del sur de Johannesburgo, donde se concentró
principalmente la lucha de resistencia contra el apartheid. La separación de
razas todavía es muy patente en algunos barrios de la capital y en otras
partes del país.
En las calles de Soweto, el balón con el que juegan los niños en la calle
siempre es de fútbol. En los barrios altos, al norte de la ciudad, el deporte se
practica principalmente con las manos y con una pelota ovalada.
El rugby es, junto al cricket, el deporte tradicional de la Sudáfrica blanca.
Los "Springbocks", el equipo nacional sudafricano de rugby, han sido dos
veces campeones del mundo, pero con mayoría de jugadores de raza blanca
apenas despertaba simpatía entre los negros, un 80 por ciento de la
población del país.
Por eso, cuando Nelson Mandela entregó en Johannesburgo el trofeo de
campeón del mundo al capitán sudafricano en 1995, apenas un año
después de las primeras elecciones democráticas y en el regreso del país a
las competiciones deportivas internacionales, la imagen se convirtió en todo
un símbolo.
En 2007, los "Springbocks" ganaron de nuevo el Mundial en Francia. Por
eso, el turno parece ahora para los "Bafana Bafana", el pseudónimo con el
que se conoce a la selección nacional de fútbol.
Sudáfrica fue campeona continental de fútbol en 1996 y jugó los Mundiales
de 1998 y 2002. Aquellos eran los tiempos de Lucas Radebe, Quinton
Fortune o Shaun Bartlett. Hoy en día, la selección languidece en el puesto
80 del ranking FIFA, con el veterano Benni McCarthy como nombre más
reconocido y el joven Teko Modise, del popular equipo local de los Orlando
Pirates, como jugador más prometedor.
Los "Bafana Bafana" no pudieron clasificarse siquiera para la Copa de África
que se disputará en 2010 y sufrieron apenas dos años antes del Mundial la
dimisión de su gran apuesta en el banquillo, el brasileño Carlos Alberto
Parreira.
El técnico campeón del mundo de 1994 decidió regresar a Brasil para estar
cerca de su mujer enferma y su familia, y cedió el testigo a un hombre de su
confianza, Joel Santana. El nuevo técnico ni siquiera habla inglés, pero poco
importa para transmitir su mensaje: el éxito sólo se consigue con la humildad
del trabajo. Y para recordarlo, el brasileño colgó en el vestuario, a la vista de
todos, un casco de obrero.
"Todo está en la mente", advirtió Jordaan, director ejecutivo del comité
organizador. "Si llegan a la segunda fase, los jugadores empezarán a creer
en Sudáfrica y el público sudafricano empezará a creer en los jugadores. Y
entonces los fans se convertirán en el jugador número 12 o 13 y todo puede
ser posible". Es el sueño de una nación que busca, a través del fútbol, su
lugar en el mundo.
La belleza de Miss Sudáfrica brilló durante el sorteo de la Copa
Confederaciones en Johannesburgo.
Foto Gero Breloer/dpa
El estadio de Soccer City, la joya del Mundial 2010, albergará a más de 94.000
espectadores.
Foto Gero Breloer/dpa
En Soweto es el fútbol el deporte rey.
Foto Gero Breloer/dpa